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El doble engaño del AVE

Iñigo Fernández, diputado regional del Partido Popular

 

Todos lo sabíamos. El ministro de Fomento, José Blanco (PSOE), y el entonces presidente del Gobierno de Cantabria, Miguel Ángel Revilla (PRC), engañaron a los cántabros cuando prometieron la llegada del AVE a Santander para el año 2015.

Todos los sabíamos, porque los expedientes administrativos para adjudicar los proyectos, primero, y las obras, después, se retrasaban año tras año mientras los trabajos arrancaban y avanzaban en regiones vecinas como el País Vasco, Asturias o Galicia.

Todos lo sabíamos, porque los presupuestos generales del Estado no contemplaron nunca la voluntad de poner en marcha aquellas obras. Todos lo sabíamos, porque la manera en que José Blanco y Miguel Ángel Revilla se dirigieron siempre a la opinión pública cuando hablaron sobre este tema era la misma de quien se dispone a engañar a un niño.

Al final se supo la verdad: el Gobierno de España nunca tuvo voluntad de ejecutar las obras del AVE a Santander. Y quien se rasga ahora las vestiduras por el anuncio del ministro José Blanco lo sabía tanto como el resto de los ciudadanos de esta tierra.

El engaño que los cántabros han sufrido en relación con la conexión de la región a la alta velocidad española ha sido doble. A Cantabria le engañó el ministro, que siempre prometió y siempre dio largas, pero a Cantabria le engañó también quien, siendo consciente de que no había ninguna voluntad y de que nada se movía en el proyecto, callaba para mantener el pacto político que desde hacía ocho años le mantenía como presidente del Gobierno regional.

Miguel Ángel Revilla pretende aparecer ahora como víctima de un engaño, cuando en realidad él mismo fue partícipe del fraude. Jamás reivindicó con seriedad. Jamás alcanzó un compromiso político concreto. Jamás hubo un calendario de actuaciones o una memoria de inversiones. Jamás hubo nada.

Con el AVE a Santander hizo igual que con la financiación del sobrecoste de las obras del Hospital Marqués de Valdecilla o con los fondos destinados a las obras de la Autovía del Agua. Todo fueron declaraciones vagas y reivindicaciones inexistentes. Jamás se tomó en serio ni estos, ni ningún otro tema.

Ahora llega la campaña política para las elecciones generales del 20 de noviembre y el líder regionalista cree haber encontrado un filón para sus expectativas electorales. En un contexto en el que los cántabros, y todos los españoles, vamos a votar acerca de las medidas para salir de la crisis y de las propuestas para recuperar los niveles de empleo; en el que los grandes problemas de España se van a dilucidar entre las opciones políticas que representan las dos grandes formaciones nacionales, el Partido Regionalista de Cantabria (PRC) cree haber encontrado un espacio en el que moverse y desde el que justificar su concurrencia a los comicios.

Pero los cántabros, a quienes se les engañó dos veces, no van a dejarse engañar una tercera. Porque saben que, quien durante ocho años fue incapaz de arrancarles a sus amigos José Luis Rodríguez Zapatero y Alfredo Pérez Rubalcaba ningún compromiso que supusiera la puesta en marcha de las obras, difícilmente lo hará ahora.

El personaje ahora se indigna, ahora monta en cólera, ahora se rasga las vestiduras. Lo mismo se manifiesta en Monzón de Campos (Palencia) que presenta una iniciativa en el Parlamento de Cantabria. Dice que va a dedicar al AVE los años que le restan de vida, pero todo es una actuación y una comedia. ¿Por qué los años que le quedan de su vida? ¿Por qué no los ocho años anteriores, cuando dispuso de los mecanismos para reivindicar? Todo parece un cuento.

Defender esta inversión para Cantabria es siempre loable, pero para defenderla uno debe ser creíble y no todos los políticos de esta región son creíbles. Los ciudadanos saben que para recuperar este proyecto sólo hay un camino: que el nuevo Gobierno de España logre sacar a España de la crisis, promueva una recuperación de los niveles de empleo, sanee las cuentas públicas y provoque un escenario en el que las administraciones públicas puedan volver a disponer de recursos económicos para hacer frente a inversiones como esta. Ese es el único camino.

Ese camino pasa por una victoria electoral del Partido Popular (PP) y por la formación de un gobierno que sea capaz de recuperar la inversión empresarial, la actividad económica, el empleo y los niveles de ingresos de las administraciones públicas.

Eso es lo que se va a votar el próximo 20 de noviembre y todo lo demás es un cuento, una actuación, una comedia... o un engaño, como aquel al que José Blanco y Miguel Ángel Revilla sometieron a los cántabros durante años, al prometerles unas obras que uno y otro sabían que no podrían en marcha.

 

Tribuna de opinión publicada el 4 de octubre de 2011 en El Diario Montañés

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