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De la necesaria estabilidad de nuestro sistema educativo

Tribuna de opinión de la presidenta del Partido Popular de Cantabria, María José Sáenz de Buruaga, publicada el miércoles 12 de julio en el Diario Montañés

 

La educación en Cantabria no atraviesa sus mejores días:  la foto de ilusión y nervios de nuestros hijos a la puerta del colegio el primer día de curso ha sido reemplazada por la de la huelga y la protesta de los docentes frente a la Consejería de Educación por el nuevo horario de septiembre y junio.  

Este triste cambio en el arranque del curso escolar nos debería hacer a todos reflexionar porque, como en casi todos los aspectos de la vida, también en educación hay pocas verdades absolutas. Pero en este exiguo campo de lo incontrovertible, encontramos un axioma compartido por todos: la estabilidad es un bien superior del sistema educativo.  Sin ella, no es posible educar a los alumnos, ni desarrollar la labor docente de modo apropiado. Sin ella, estamos abocados a la improvisación, a ir apagando fuegos, a hacer lo que se pueda sin más pretensión de mejora que superar el día a día, la semana o el trimestre. La estabilidad es tan necesaria para la educación como el oxigeno a los seres humanos, sin ella nada funciona.

Y no pretendo ser alarmista, pero la estabilidad del sistema educativo de Cantabria está en jaque. El conflicto que arrastramos desde el curso pasado está poniendo en serios aprietos no al consejero de Educación ni al Gobierno de Cantabria, que también, sino al propio sistema educativo. A ese mismo sistema educativo que es de todos: lo es de los más de 95.000 alumnos que cada día acuden a los centros, lo es de los más de 7.000 docentes que desarrollan en él su trabajo y pasan buena parte de sus vidas en los colegios e institutos y lo es también de todos los padres y madres, muchos docentes también, que cada día confían lo más preciado que tienen a los maestros y profesores de los centros educativos, sus hijos. Por eso, porque es de todos, porque todos nos jugamos algo, es por lo que a todos nos debe preocupar que ese sistema educativo no naufrague y goce de buena salud.

El paciente podrá estar acatarrado o padecer fiebre, pero lo que no nos podemos permitir es que entre en la UVI mientras médicos y pacientes discuten a la entrada del hospital; que pretendamos resolver todo con una aspirina o, lo que es peor, que esperemos a que el enfermo se cure solo. Es mucho lo que está en juego.

Los argumentos de cada uno de los sectores que forman parte de la comunidad educativa en el conflicto del calendario y el horario escolar parecen de una obviedad aplastante: cómo no va a cumplir la Consejería de Educación con la ley permitiendo un horario ilegal en septiembre y junio si, como sostiene, los informes jurídicos son taxativos; cómo no va a respetarse el imprescindible tiempo de preparación del curso que cualquier docente necesita para poder trabajar apropiadamente o cómo no van a exigir las familias de los alumnos que se atienda a sus hijos en el colegio durante el tiempo que marca la ley y en un marco de conciliación familiar y laboral razonable.

Estamos en una encrucijada fea y compleja ante la que muchos docentes se han sentido agraviados en su trabajo y cuestionados en su dedicación y ante la que docentes y familias se enfrentan con intereses contrapuestos. Una encrucijada fea y compleja y un conflicto enquistado al que nos ha abocado la propia administración. Sí, porque el Gobierno de Cantabria adoptó una medida de tanto calado como la modificación del calendario escolar porque sí y por sorpresa, sin la necesaria reflexión y consenso y sin hacer algo tan básico como calibrar su legalidad.

Si en aquel momento se hubiera hecho un análisis profundo y sosegado y se hubiera escuchado la opinión de todos quizá ahora no estaríamos como estamos, al menos, no con este clima de fractura que se ha producido.

Cuando hablamos de educación y, en concreto, de tiempos escolares, no podemos caer en la tentación de pensar que hay recetas mágicas para satisfacer a todos y es que no las hay. Pero lo que sí sabemos es que todo cambio, toda novedad que se introduce en un sistema educativo de tipo estructural, se debe analizar con calma, con un dialogo real, y decidir por consenso.

Se nos interpela al PP sobre si estamos de acuerdo con el modelo bimestral o no y qué opinamos sobre el conflicto generado. Pues bien, nuestra postura es clara.

Primero, un consenso solo puede ser sustituido por otro consenso. Nunca se deben tomar decisiones estructurales sobre nuestro sistema educativo sin un necesario consenso y en ese consenso hay que escuchar siempre a las familias, nos lleve mucho o poco tiempo. La educación no puede ser un obstáculo a la necesaria conciliación laboral y familiar.

Segundo, estamos en trabajar por el respeto y confianza en la labor docente, el trabajo que hacen los maestros y profesores  en los centros cada día. Toda la sociedad, y la primera la administración, debe confiar en su labor. Su criterio y opinión se deben tomar como criterio preferente en la toma de decisiones porque ellos son los profesionales, recordando siempre que preferente no significa único.

Tercero, ambas cosas, prestigiar y fortalecer la profesión docente y dialogar y permitir la participación de las familias, son responsabilidades directas de la Consejería de Educación.

Y cuarto, debemos contribuir a la estabilidad de la educación porque con ello contribuimos a mejorar nuestro sistema educativo y, por tanto, a mejorar la sociedad presente y futura.  Por eso, no solo no nos ponemos de perfil ante el Acuerdo por la Educación en Cantabria, sino que decidimos apoyarlo porque estamos por la estabilidad, no por la confrontación.

Por todo esto y muchas cosas más, que no le quepa duda a la sociedad de Cantabria de que el PP va a contribuir a mejorar un sistema educativo magnífico, fruto del trabajo de todos, pero especialmente de los más de 9.000 docentes, muchos de ellos padres, que cada clase, cada curso, contribuyen a una sociedad mejor educada, a una sociedad mejor.

Y por favor, no dejemos que lo urgente desplace a lo importante y lo importante es la educaciónón, son nuestros hijos.

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